Un libro recupera episodios inéditos de la historia de Alfara
Alfara de la Baronia, municipio del Camp de Morvedre, acoge este sábado la presentación de 'Crónica III', el nuevo libro de la cronista Concha Saura sobre la historia local.
Un pueblo pequeño, muchas historias por contar: ese podría ser el resumen de 'Crónica III. Alfara de la Baronia', el nuevo libro que la que fuera cronista oficial del municipio, Concha Saura, presentará este sábado 12 de septiembre a las 12 horas en el Saló d'Esplai. Un problema de salud impedirá a la autora estar presente en el acto, que dirigirán en su lugar Miguel Carot y José Terrádez.
El volumen es la continuación natural de 'Crónica II', que Saura ya publicó en 2023, y ahonda en capítulos de la historia local que rara vez aparecen en los relatos más conocidos del municipio: de dónde vienen los apellidos que hoy llevan muchas familias de Alfara, qué papel jugó el pueblo durante la Guerra Civil española, y la peripecia de un vecino que combatió al otro lado del mundo, en la Guerra de Filipinas, a finales del siglo XIX.
La proximidad de Alfara a las llamadas 'líneas X y Z', la frontera que separaba los bandos republicano y nacional durante la contienda civil, ocupa uno de los capítulos más singulares del libro. Saura reconstruye en sus páginas el funcionamiento del antiguo Hospital de Sangre que se improvisó en los bajos del casino local para atender a los heridos que iba dejando el conflicto.
En un registro muy distinto, la obra también sigue el rastro de un soldado local en la guerra filipina de finales del XIX: tras casi diez años en filas, cayó enfermo durante su estancia en el archipiélago y regresó a Alfara, donde vivió el resto de sus días.
El libro amplía además su mirada más allá de las fronteras del municipio: dedica páginas a la historia de la propia Valencia, desde la Antigüedad hasta episodios recientes como las inundaciones de octubre de 2024, en un recorrido que termina en el Museo de Bellas Artes de Valencia, el Pío V. Se completa con un apartado de creación literaria, 'El color de la palabra', con textos de tono poético y satírico ambientados en el pueblo.
Una de las preocupaciones que Saura traslada en la obra tiene que ver con el patrimonio: el estado de la iglesia de Alfara, un edificio de valor artístico que, según advierte el libro, corre riesgo de deterioro pese a intervenciones puntuales como la restauración de un altar lateral o la limpieza reciente del campanario y la fachada. La autora reclama mayor implicación institucional para asegurar su conservación completa.
El propio nombre del municipio forma parte de esta historia que el libro reivindica: hasta el 15 de enero de 2010, cuando la Generalitat aprobó el cambio, Alfara se llamaba oficialmente Alfara de Algimia. Y el punto de partida que Saura elige para rastrear los apellidos actuales, el año 1611, no es casual: coincide con la nueva carta puebla que recibió la localidad ese mismo año, tras quedar despoblada en 1609 a raíz de la expulsión de los moriscos.
La figura del cronista oficial, que Concha Saura ocupó durante años en Alfara, es una institución arraigada en los municipios de la Comunitat Valenciana: se trata de un cargo honorífico, normalmente vitalicio, que reconoce a la persona encargada de investigar y documentar la historia local, y cuyo trabajo suele quedar recogido en publicaciones como esta trilogía que ahora llega a su tercera entrega.
Que la propia autora no pueda estar presente en la presentación no resta valor al proyecto: el hecho de que otros dos vecinos, Miguel Carot y José Terrádez, asuman la tarea de presentar la obra en su nombre refleja precisamente el tipo de colaboración vecinal que sostiene este tipo de iniciativas culturales en los municipios pequeños de la comarca.
Para los lectores de fuera de Alfara, estas crónicas locales cumplen además una función poco visible pero relevante: sirven de fuente para investigadores, estudiantes o simplemente vecinos curiosos de otros municipios del Camp de Morvedre que buscan entender cómo los grandes acontecimientos de la historia de España y la Comunitat Valenciana se vivieron a escala de un pueblo pequeño.
Presentaciones como esta se han convertido en un ejercicio habitual de memoria colectiva en los municipios pequeños del Camp de Morvedre, donde buena parte de este trabajo recae en cronistas e investigadores locales que trabajan, muchas veces, de forma voluntaria.
Este tipo de proyectos editoriales, casi siempre financiados con recursos modestos y sostenidos por el compromiso personal de sus autores, cumplen una función que va más allá de la curiosidad histórica: fijan por escrito una memoria que de otro modo se transmitiría solo de forma oral, con el riesgo de perderse a medida que desaparecen las generaciones que la vivieron de primera mano. En una comarca donde conviven un núcleo urbano grande como Sagunto y una decena de municipios de apenas unos miles de habitantes, estas crónicas suelen ser la única fuente documental accesible para reconstruir la vida cotidiana de estos pueblos a lo largo de los siglos XIX y XX. Iniciativas similares se han multiplicado en los últimos años por toda la comarca, respaldadas a menudo por asociaciones culturales o por los propios ayuntamientos, que ven en este tipo de publicaciones una manera asequible de fijar el patrimonio inmaterial de cada pueblo antes de que se diluya con el relevo generacional. Según El Periódico de Aquí, con datos adicionales de Wikipedia sobre Alfara de la Baronia.